Hay quienes dicen que la felicidad está en la actitud que uno adopte ante la vida. Cada vez me convenzo más de ello. Luego de prestar asistencia a mucha gente que quedó desamparada tras el feroz terremoto y maremoto que devastó numerosas poblaciones de Chile en el 2010, me he dado cuenta de que, como reza el dicho, tu actitud determina tu altitud. Hay gente positiva que sabe sacar el mejor provecho de cualquier situación, aun cuando le toca la peor parte.
En el primer viaje que realicé con varios compañeros a la zona de desastre, conocimos a una señora, peluquera de profesión, que lo perdió todo cuando una de las olas del tsunami arrasó con su negocio. Al día siguiente de la catástrofe, se puso a escarbar en el barro donde antes tenía su local, y buscando buscando encontró unas tijeras, una capa y su máquina de cortar pelo. Además, descubrió que el mar había perdonado su espejo. Lavó sus implementos y poco después retomó su profesión con optimismo y gran espíritu de superación. Cuando la conocimos, nos abrazó con una sonrisa y un entusiasmo inverosímiles. Nos mostró la mediagua (casita temporal levantada por voluntarios) donde habitaba. Ya le había hecho una ventana para poder contemplar el bello bosque que rodea el campamento de damnificados. Obviamente supo tornar su desventura en ventura.
Como ella hay muchos. Por ejemplo el pescador que luego de abrazarnos largamente en medio de un paisaje desolado me dijo:
—Caballero, ¿ve ese árbol que está allá en medio de la nada? Pues ahí quedaba mi casa. Lo perdí todo. Pero doy gracias a Dios que todavía tengo a mi familia. Él me dio buenos hijos y los hemos podido criar bien. Para qué me voy a quejar.
Su fe, optimismo y gratitud tuvieron su paga, pues dos meses más tarde lo volví a ver y se me acercó apresuradamente para contarme que, después que oramos para que consiguiera trabajo, un empresario lo había contratado, y ahora ganaba el doble que antes.
Mucha gente en esas circunstancias se amargaría y culparía a Dios de sus males. No es el caso de estos nobles amigos y otros miles de sobrevivientes que se han concentrado en lo positivo y en salir adelante a pesar de los pesares.
Si quieres ser feliz en la vida, compañero,
pon la mira en la rosquilla y no en el agujero.
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Eclesiastés 3:12 Yo sé que nada hay mejor para el hombre que alegrarse y hacer el bien mientras viva;
Isaías 12:3 Con alegría sacarán ustedes agua de las fuentes de la salvación.
Filipenses 4:4 Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense!

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